Freddy Briñón, antiguo encargado de Pastoral de Inicial y Primaria

Se puede decir de él como Cervantes decía de Don Quijote que “frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro y gran madrugador”

Este Quijote nuestro es más criollo, frisa los sesenta años, se crió en el campo y lleva 45 años de aventuras como catequista en distintos colegios salesianos y parroquias. Sus molinos fueron otros.

Su mamá lo consagró a Ma. Auxiliadora antes de nacer. Ella tenía problemas de salud y le prometió a la Virgen que si tenía un hijo se lo ofrecería pues los médicos le dijeron que la maternidad podía costarle la vida.

El dice que antes de aprender a rezar, aprendió a darle un beso a la imagen de Ma. Auxiliadora que está en su casa.

Esa casa de la que nunca se mudó en su vida, que es la casa de su familia.

Ex alumno del Colegio Pío, fue rezongado por su maestra en su segundo día de clase de Primero de escuela por hacer pipí detrás de una palmera (era un “Canarito bruto” dice riéndose) cosa para el muy normal en sus terrenos verdes de crianza.

Tiene una memoria prodigiosa para recordar fechas y nombres de sacerdotes que han marcado su vida.

Con ellos se educó, con ellos creció en la fe, con ellos empezó a ser catequista a los 15 años como algo natural, y fue a estudiar con la Hna. Gracia Vallejo a la Parroquia de Colón, algo que siempre le gustó muchísimo y que siempre lo hizo muy feliz. Y así siguió trabajando toda la vida. En el Colegio Pío, en la parroquia de Melilla, en el Colegio Pío otra vez y en los últimos años en nuestro Colegio San Isidro. Dio catequesis a todos los grupos de todas las edades. Siempre estuvo rodeado de niños y jóvenes. En el aula y en el patio salesiano. Recibió el ministerio de la Catequesis de las manos del obispo José Gottardi.

En sus épocas de alumno no estaba discriminada la catequesis del resto de la formación académica. Los curas y profesores del Pío le enseñaban gramática con los textos bíblicos.

Ahora que se habla tanto de evangelizar el curriculum, él dice que hemos involucionado. Antes estaba todo natural y espontáneamente integrado.

Recuerda con mucho cariño sus años en la Capilla de San Gerardo de Melilla . Monseñor Partelli le encargó la Capilla a los salesianos y Freddy fue invitado a trabajar con ellos los fines de semana. Invitó a varios amigos, todos varones y como se necesitaba también la presencia femenina, decidió invitar a algunas alumnas del Colegio Pastorino, entre las cuales se encontraba Beatriz, quien sería su novia y su esposa hasta el día de hoy.

Le pregunto si fue amor a primera vista. “Nooo, yo era un banana” responde divertido.

Allí comenzó también a dar catequesis para adultos. Por ejemplo, propiciaban bodas familiares. Recuerda una en la que se casaron al mismo tiempo la pareja joven, los padres de ella y los abuelos de él. Y la fiesta fue una fiesta “lluvia” y popular de la que participó todo el barrio.

En ese entonces trabajaba en Secundaria y estudiaba Derecho. Ya tenía 24 años y falleció su mamá. Esto trajo aparejado para él tener que dedicarse a su casa y las tareas de la misma. En este escenario lo cita un día para hablar el entonces Inspector Salesiano Víctor Reyes y le ofrece la Sub Dirección de Pastoral del Colegio Pío.

Lo sintió como un gran regalo de Dios y una gran responsabilidad. Además era un ambiente muy familiar para él y sentía que jugaba de local.

La mayor parte de las cosas que sabe de Don Bosco las escuchó charlando con los curas salesianos. Recién después las estudió en los libros.

Aquí en el Colegio está desde el 2009. Entró con el Padre Dodero. Durante 5 años cumplió la doble función de Sub director de Primaria y Encargado de Pastoral. Y desde hace unos años es el Encargado de Pastoral de Primaria e Inicial.

Ya lo dice el evangelio, de lo que habla la boca es de lo que está lleno el corazón. Yo no puedo transmitir lo que no siento, lo que no vivo”

“Yo creo que la fe es un don, es un regalo”

Dice que una de las características más lindas de nuestro Colegio es el cariño que tienen por él los ex alumnos. Y el cariño que tienen los pedrenses por tantos sacerdotes salesianos que dejaron una huella profunda en la Ciudad y en los corazones de la gente.

Le pregunto por qué se jubila. Dice que siempre dijo que el día que pudiera jubilarse lo iba a hacer. Su trabajo es muy gratificante pero también muy desgastante y siente que ha llegado el tiempo de dejar lugar a nuevas generaciones.

Lo llena de alegría el cariño de los gurises cuando lo saludan con calidez en el patio.

“Eso no se obliga, no se compra, eso surge o no surge. Cuando se da, quiere decir que ese chiquilín se sintió querido por mí en algún momento”

Se extrañará su gallarda figura caminando por nuestros pasillos, pronto a contar una anécdota o un chiste o a prestar su oído atento a los ires y venires de las vidas personales de quienes aquí trabajamos.

https://sanisidro.edu.uy/sanisidro