Entrevista a Mercedes Silva

Entrevista a Mercedes Silva

“Es maravilloso que un adolescente llegue a un colegio salesiano por la contención que tienen”.

Tacos altos, muy coqueta y siempre dispuesta a ayudar. Son tan solo algunas de las características que definen a Mercedes Silva, quien ya hace tres años que está jubilada. Entró a trabajar en el Colegio San Isidro en el Instituto San Juan Bosco en 1984 y estuvo en nuestra casa hasta 2018.

“Entré como docente en Bachillerato. Fui profesora de Biología de Quinto, de Sexto y de Cuarto Año. En el 2010 fui gratamente sorprendida. Hubo un llamado para la subdirección de Bachillerato, estaba el Padre Julio Dodero y me contactó en el patio. Yo no me había presentado para ese cargo, pues entendía que debía seguir en el aula y más en el Colegio, donde yo consideraba que había gente con más trayectoria que yo para esa rol. Yo ya estaba ejerciendo la subdirección del Manuel Rosé desde 2008 y con el incentivo de Julio me postulé para el llamado y quedé como subdirectora”, contó Mercedes unos minutos antes de almorzar.

Mercedes, por su actuar y por su forma de ser, es una salesiana de alma. “Es maravilloso que un adolescente llegue a un colegio salesiano por la contención que tienen los chiquilines, el seguimiento, la preocupación, la formación en valores. El transmitir valores depende mucho en general de los docentes en el aula, pero en un colegio salesiano tenés una contención periférica que es fundamental. Para ello es clave la función del coordinador, el grupo de pastoral, el acompañamiento que se hace con el alumno es fundamental. La selección de docentes es importante para seguir por una línea”, dijo.

Extraña mucho el día a día en el Colegio, las vivencias y mucho más: “Extraño muchísimo la relación con los compañeros, el contacto con ellos diario. El trabajar en equipo. También el contacto con los adolescentes. Muchas veces me dicen que me mantengo bien, je,  y pienso que el contacto con los adolescentes te lleva a eso, estás al día con el vocabulario, en la música que escuchan, en la moda, que otras actividades quizás no te lo permiten. Extraño horrores el encontrarte con los compañeros, buscar soluciones para un alumno, para una situación, para una familia; el saludarte con un montón de gente todos los días, el festejar un cumpleaños, un nacimiento, un casamiento. Acompañar aquel que está en una situación que no es alegre, como una separación o una pérdida. El contacto directo es, realmente, lo que más extraño”.

Obviamente que Mercedes vive una nueva rutina desde un tiempo a esta parte. Alejada del bullicio del patio, con más tiempo y con momentos en lo que está sola. “Me dediqué mucho a una actividad física que yo necesitaba, camino mucho, hago pilates, hago bicicleta, hago mucha actividad física, siento que la necesito. He tenido más espacio para la lectura, para seguir alguna serie. Lamentablemente ahora, en este tiempo de pandemia, no puedo reunirme con amigas o excompañeros de trabajo, sí lo pude hacer en 2019 previo al coronavirus. También en ese año pude viajar un poco, y hay proyectos que quedaron postergados para más adelante”.

Y agregó: “También empecé a realizar un curso de lenguaje de señas, porque sentí la necesidad de hacerlo aunque ya en 2020 no hubo clases. Hago alguna clase virtual, pero no es lo mismo, ya que es clave el contacto directo con el docente y con personas sordas. Un día me di cuenta de la importancia de saber el lenguaje de señas: una profesora en el Colegio, que había hecho el curso de señas, un día me avisó que no podía asistir a dar clases y era porque tenía que acompañar a una pareja sorda que iba a tener familia al parto. Era un matrimonio sordo y ella era la intérprete, la que los acompañó. Ese momento me quedó grabado, por eso inicié y me encanta”.

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